Formas de parar o bajar el ritmo

5 FORMAS (diferentes) DE PARAR O BAJAR EL RITMO

¿Eres de esas personas que cuando el cuerpo te pide tregua tú te empeñas en seguir? ¿o de las que sabe parar y bajar el ritmo?

Yo era, y tiendo a ser, de las primeras. Pero cada vez menos.

Los últimos meses he estado trabajando mucho, y ha habido momentos en los que estaba física y sobre todo mentalmente agotada.

A veces me descubría viviéndolo como si fuera una especie de contrarreloj. Como una cuestión de ahora o nunca.

Lo bueno es que ahora puedo darme cuenta y decido parar.

Decido parar porque si no me agoto, me quemo, y acabo sintiendo aversión hacia algo que realmente me gusta.

Si comieras todos los días tu comida preferida, ¿cuánto tiempo crees que tardaría en dejar de ser tu comida preferida, y en empezarías incluso a cogerle asco?

Pues eso mismo pasa con todo lo que nos gusta, ya sea comida, nuestros padres, o nuestro trabajo.

Todo requiere de su tiempo y medida.

Este ha sido un aprendizaje que tardé mucho tiempo, no en conocerlo, en ponerlo realmente en práctica.

De hecho habrás notado que hace unas semanas que no he escrito en el blog.

Esa ha sido precisamente la razón.

Después de unas semanas intensísimas de trabajo necesitaba parar, bajar el ritmo y descansar, para poder retomarlo otra vez poco a poco con ganas, ilusión y energía.

Todas sabemos que tenemos que parar, que necesitamos descansar ¿verdad? y en cambio no lo hacemos, por lo menos hasta que el cuerpo nos dice basta.

Y mira que antes de decir basta nos lanza avisos.

Que si enlazadas catarros, dolores de cabeza, ese tick en el ojo durante tres días…

Y nosotras erre que erre, porque nosotras podemos con todo, ¿no?

Pero ¿y si te digo que una de las razones por las que puedes odiar tu trabajo es por no saber parar?

Hablo a menudo con mujeres a las que su trabajo no les gusta, y no es porque lo que hacen no les guste, sino porque están agotadas.

Su trabajo les agota y consume a ellas, y a su propia vida.

No les queda energía ni ganas para nada más.

Y todo lo que viene después parece una obligación: salir a cenar, ir a un concierto, o llevar a los niños a un cuentacuentos.

Sí, ya sé que ahora es un mal momento… que cuando pase este mes… que es una época importante en la empresa…que si no lo haces tú no lo hace nadie…

La dos sabemos que nunca va a llegar el momento perfecto para parar, y si no echa un ojo atrás y dime cuándo lo ha sido.

Tampoco estamos hablando de cogerte unas largas vacaciones.

Simplemente de bajar el ritmo: sal una hora antes del trabajo esa semana, tómate más tiempo para comer a mediodía, reduce el número de llamadas, deja algún email sin contestar…

O tómate uno, dos o tres días de descanso para ti. Para dormir, para comer bien, para cuidarte, para estar triste, para estar feliz, para ir al parque o a ningún lado…

Si ahora mismo estás pensando «con tres días no soluciono nada» es que tenías que haber parado hace tiempo.

No se trata de parar cuando ya no puedes más, literalmente. Se trata de crear el hábito de bajar el ritmo y parar para recuperar energías sin tener que llegar a nuestro límite.

Porque tirando, tirando, tirando una se rompe, y una vez rota, el arreglo sale bastante más «caro».

Tu cuerpo te habla, escúchale: para, descansa, duerme, come bien, tomate un día libre, pasea, lee, medita, baila, túmbate en la arena, escucha música… haz lo que quieras, o mejor dicho, haz eso que llamamos «no hacer nada».

Además quiero que entiendas que esta forma de hacer las cosas la tienes tan bien aprendida que te la vas a llevar allí donde vayas.

Quiero decir, que más allá de que el origen sea tu trabajo, la ciudad en la que vives, tus circunstancias personales, o todo junto, esa es ahora mismo tu forma de estar en el mundo.

Y esto es algo muy importante que debes saber tanto si quieres cambiar de trabajo, como si lo que quieres es emprender.

Si leyendo este artículo te has dado cuenta que esto es lo que haces, o si ya lo sabías de antes, debes saber también que vas a tener que aprender a hacerlo de otra manera.

Por cambies de empresa, de ciudad, de circunstancias o emprendas vas a tener que aprender a parar y bajar el ritmo, o tu sueño se convertirá en una prolongación de lo anterior.

Para que eso no pase y empieces a trabajar en ello te cuento algunas opciones con las que puedes empezar ya.

5 formas de parar o bajar el ritmo:

1. Cuestiona tu nivel de exigencia:

¿Añade realmente valor?

A veces nos los parámetros que establecemos para considerar algo como completo, perfecto o bien hecho en realidad no aportan valor al resultado, y pueden llevarnos mucho tiempo.

Revisa bien esos parámetros, y usa tu tiempo solo para lo que aporta valor al fin que persigue.

2. Cambia el “tengo que hacer…” por “hoy quiero hacer/ me apetece…”

Esta expresión convierte todo en obligación, y aunque sean solo palabras muchas veces es así como lo vivimos.

Por eso mira bien que estás metiendo en la categoría de obligación, porque es muy probable que haya cosas que no lo son, y que puedes o bien dejar de hacerlas, o bien disfrutarlas puesto que las harás porque te apetece.

3. Elige bien qué cosas hacer.

El 80% de los resultados salen del 20% de lo que hacemos. Detecta y céntrate en ese 20%.

Aquí también podría entrar el primer punto respecto al nivel de exigencia, pero abarca mucho más.

Y es que tenemos que elegir bien qué hacemos con nuestro escaso tiempo.

Comprueba qué cosas están dentro de ese 20% que hacen que ocurra el 80% de los resultado que buscas.

Es decir, las acciones nucleares o necesarios para conseguir aquello que quieres, ya sea de trabajo, personal, de ocio etc.

4. Incluye en tu agenda tiempo libre y de disfrute todos todos los días.

Aunque sea solo 10 minutos.

Esto tendrá dos beneficios:

El primero, es que saldrás del piloto automático y estarás y harás de forma consciente.

Esa consciencia además te llevará a tener más claridad sobre otros aspectos.

El segundo, es que incluir tiempo de disfrute cada día aportará valor y sentido también a cdaa día, de forma que no caeremos en la trampa de sentir que la vida solo es disfrutable en fines de semana y vacaciones.

5. Reduce a la mitad tu listado de “quehaceres” diarios, y especialmente los del fin de semana.

El engaño de la productividad. No por hacer más eres mejor.

Sí, he dicho «eres».

Todas caemos en esa peligrosa tendencia de felicitarnos a nosotras mismas por haber hecho una lista interminable de tareas en un día.

Nos sentimos «superwoman».

Prioriza, y organiza tu tiempo conscientemente de manera realista y equilibrada.

Si te das cuenta hay un principio básico detrás de todos estos, y es que en lo que se refiere a la relación tiempo, productividad y calidad de vida menos es más. 

Dime ¿Cuándo fue la última vez que dijiste necesito parar y así lo hiciste?

2 Comentarios
  • Mariví Porras
    Publicado a las 20:12h, 28 mayo Responder

    ¡Muchas Gracias Olaia por compartir estas 5 imprescindibles formas de parar, o bajar el ritmo!

    Me he sentido muy reflejada en lo has que escrito, y tengo que reconocerte que antes era tal cual has descrito en el post. En estos últimos meses me he dado cuenta al igual que tú que “en lo que se refiere a la relación tiempo, productividad y calidad de vida menos es más”, qué permitirnos «no hacer nada» es mucho más productivo que empeñarnos en hacer y hacer cuando nuestro cuerpo y nuestra mente nos está pidiendo a gritos parar, bajar el ritmo, regalarnos momentos de relax para nosotras mismas.

    Reconozco que a mi esta parte me ha costado bastante, y que estoy aprendiendo a reeducarme a desconectar y disfrutar haciéndolo, si no lo hago el riesgo de tener aversión a algo que adoro y que me apasiona hacer es muy elevado, como dices tú.

    ¿Cómo podemos llegar a pensar que salir a cenar, ir a un concierto, o llevar a los niños a un cuenta cuentos, es una obligación? 😉

    Gracias por recordarnos que parar o bajar el ritmo, es fundamental para nuestra productividad, creatividad y sobre todo para que vivamos en armonía con nosotras mimas y más felices con lo que hacemos.

    ¡Un fuerte abrazo!

    • Olaia Calvo
      Publicado a las 18:10h, 29 mayo Responder

      Hola Mariví,

      Muchas gracias por tu comentario.
      Efectivamente tendemos a medir la productividad en función de los resultados y la utilidad de los mismos, pero siempre enfocados en ese «tengo que…», es decir, en todo eso que sentimos como obligación: el trabajo, la casa…
      Hay que aprender que para ser productivas debemos incluir la recuperación, el disfrute y el equilibrio. Sin ello la productividad va menguando a la par que nuestra energía.
      Gracias de nuevo por pasarte por aquí y compartir tu comentario 🙂
      Un abrazo grande!

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