odio mi trabajo o angustia

Odio mi trabajo (o la angustia de ir al trabajo)

En los últimos años me he cruzado con mucha gente que ha pasado o está pasando por lo mismo que yo pasé hace años: no les gusta su trabajo hasta el punto de que llegar a odiarlo.

Y llegan a odiarlo no por el trabajo que es en sí, sino porque no saber salir de él les causa dolor, desmotivación, tristeza, angustia, ansiedad…

En definitiva, sufrimiento que se convierte en aversión al trabajo.

Comienza así una búsqueda casi desesperada, y muchas veces desacertada, por lograr darle sentido a sus vidas.

Esta nueva preocupación y dificultad creo que en realidad es algo positivo. Es parte de nuestra evolución como personas y como sociedad.

Y es que si todos hiciéramos lo que nos gusta y con lo que nos sentimos plenos habría una grandísima diferencia ¿os lo imagináis?

Últimamente he escuchado muchas veces eso de que somos cabezas andantes despegadas de nuestro cuerpo, que no sentimos, que no nos dejamos sentir.

Y yo misma he utilizado esta expresión en más de una ocasión. Sin embargo, no acababa de encajarme.

¿Qué son sino sentires la ansiedad, el estrés, la depresión… tristemente tan habituales?

En una sociedad en la que la productividad, la eficiencia y la racionalidad priman, el estrés, la ansiedad y la angustia se han hecho su hueco para intentar mantenernos conectados a este mundo.

Para intentar restaurar un poquito de equilibrio en nuestras desequilibradas vidas.

Por lo tanto, no es que seamos cabezas andantes desconectados de nuestro cuerpo…

…sino que vivimos como si mente y cuerpo, razón y emociones no fueran parte de lo mismo.

Como si el que es racional no pudiera ser emocional, y el que es emocional no fuera racional. Como si el uno fuera incompatible con el otro.

A mí me han dicho cientos de veces “tú es que eres muy racional, yo es que soy muy pasional”.

Incluso mirándome con recelo, como si ser racional fuera malo, y me anulara la emociones.

Claro que uso la razón, soy una persona muy pragmática, pero también soy una persona sintiente, emocional, y muy muy sensible.

Y sí, es compatible, y de hecho si lo piensas tiene bastante coherencia.

Afortunadamente esta mirada está empezando a pasar de moda. Es necesario que pase de moda.

Estamos empezando a darnos cuenta, a experimentar en nuestras propias carnes, que sin una mirada introspectiva estamos perdidos.

Que sin conocernos, sin mirarnos por dentro, sin notarnos y escucharnos no podemos ver cómo ni cuándo llegará la tormenta, y acabamos a la deriva.

Todos esos truenos que nos retumban por dentro nos imploran por una vida plena, equilibrada, completa, con sentido, significante y coherente con nosotras mismas.

Y eso incluye también el trabajo.

El trabajo ya no solo es lugar al que vas 8 horas (en el mejor de los casos) y luego te olvidas.

Hemos estado años formándonos, nos han inculcado el valor del éxito directamente relacionado con el éxito profesional, han puesto en nosotros esperanzas, expectativas y dinero.

El trabajo ya no es simplemente trabajo. 

El trabajo ahora es una parte nuestra a través de la que materializamos el sentido de nuestra propia vida, o una parte importante de él.

Las personas somos un sistema diseñado para sentir, pensar y hacer.

Y todo eso junto forma el SER.

Somos lo que sentimos, lo que pesamos y lo que hacemos.
Sentimos, pensamos y hacemos en funciones de lo que somos.
Lo que sentimos, pensamos y hacemos modelan lo que somos.

Somos un sistema interactivo que opera recursivamente, y comprender esto puede cambiar la manera de relacionarnos con nosotros mismo.

En estos nuevos tiempo en los que han salido tantas alternativas donde dejar de HACER, para simplemente SER, creo que es sumamente importante comprender que el SER también se HACE.

Así que cada vez que practicas simplemente SER es algo que estás HACIENDO. En cada cosa que HACES esta tu SER y tu SER se materializa con las cosas que HACES.

Por eso es tan importante que cada cosa que HACES sea coherente con tu SER para que puedas sentirte plena, tranquila, y en el lugar donde quieres estar.

No te sientas mal porque no te guste tu trabajo, porque quieras hacer algo que te aporte más, por haberte cansado de tu carrera, por no dedicarte “a lo tuyo”…

No te conformes porque la situación está difícil, porque es lo que se supone que se te da bien, porque tus padres te pagaron la carrera, porque no sabes hacer otra cosa, o porque no sabes exactamente lo que quieres.

Claro que habrá que buscar, descubrir, planificar, explorar, probar y organizar. Y todo esto es parte del proceso de transformación y crecimiento que te está removiendo por dentro.

Cada día que decidas (pasiva o activamente) que ese no es el día para empezar a hacer el cambio, piensa en todos los años de vida profesional que te quedan por delante 15, 25, 30… ¿cuánto tiempo más crees que puedes aguantar esto?

No te digo que vaya a ser fácil, rápido y sencillo, pero teniendo en cuenta lo que tienes ahora mismo, cómo te sientes ahora mismo, 

¿No crees que puedes encontrar una manera mejor de estar en el mundo?

Yo te aseguro que siempre hay una manera, y que no hacer nada significa que seguirás igual esos 15, 25 o 30 años…

Si no cambias nada, lo más probable es que nada cambie.

Sobre mí – Olaia Calvo

Soy facilitadora de procesos de cambio y coach. Trabajo con mujeres profesionales inconformistas que desean y necesitan hacer un cambio en su vida para sentirse satisfechas y en paz consigo mismas. Te ayudo a ganar claridad, confianza y seguridad para determinar qué es lo que quieres y cómo lo quieres para tomar las decisiones que te lleven a conseguir una vida personal y/o profesional plena y coherente contigo.

Descubre cómo puedo ayudarte aquí.

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